La Planta:
 
LA CAPUCHINA : Tropaeolum majus


Una de las plantas más versátiles de nuestro jardín es sin duda alguna la Capuchina, de porte rastrero, o bien trepador gracias a sus pecíolos foliares, que actúan como zarcillos. Aunque en nuestro clima viva como una planta anual, realmente es una vivaz en las zonas selváticas de Perú o Colombia, de donde es nativa, se propaga por autosiembra.

Su aspecto nos recuerda a las plantas acuáticas como el nenúfar, con sus hojas redondeadas en forma de escudo sostenidas en su centro por un largo pecíolo. Dichas hojas tienen un color verde oscuro, algo apagado, con una nerviación radial, de color más claro.

Sus flores disponen, en contraposición al serio cromatismo de las hojas, de colores brillantes que cabalgan desde el naranja ocaso hasta el amarillo más resplandeciente, en sus cinco pétalos. Se asientan éstos sobre un cáliz de cinco sépalos, casi todos iguales salvo uno de ellos, notablemente más largo, llamado espolón. De la evolución de su ovario súpero proviene el fruto de la capuchina, un esquizocarpo, fruto carnoso de color blanco que se suele encurtir en vinagre como sustituto de la alcaparra.

La Tropaeolum majus florecerá durante la primavera y el verano, ofreciéndonos pinceladas cálidas y brillantes sobre el verde del paisaje, algo por lo que los grandes paisajistas siempre la tienen en cuenta en sus jardines.

Además de alegrar nuestras zonas verdes, y haciendo honor a su versatilidad, la capuchina posee múltiples propiedades medicinales: en sus hojas nos encontramos con un aceite esencial repleto de heterósidos sulfurados, flavonoides y vitamina C, empleados como depurativos de la sangre en infusión, y contra el insomnio si se comen sus brotes jóvenes en ensalada. Estas hojas, machacadas y aplicadas directamente en las heridas, resultan un buen desinfectante y cicatrizante para la piel. La helenina de sus flores nos ofrece un eficaz expectorante para los afectados por bronquitis o asma.

Cuidados

Esta planta crece muy bien sobre suelos frescos, orgánicos y con una buena capacidad de drenaje. Una tierra vegetal, con un 15% de arcilla expandida es un sustrato eficaz para su cultivo.

Deberemos regar nuestras capuchinas con relativa frecuencia, sin olvidar que el encharcamiento resulta fatal para sus delicadas raíces. Un buen abono de floración, con mayor contenido en fósforo, no deberá faltar durante su época de mayor vigor.

En cuanto a la iluminación, deberemos encontrarle una zona luminosa en nuestro jardín, pues en zonas de sombra o con pocas horas de luz no florecen bien.

Permanecerá con nosotros durante toda la primavera y el verano, hasta que a finales de éste o principios de la siguiente estación, desaparezca habiendo dejado ya su banco de semillas. En la primavera siguiente volveremos a saber de ella y disfrutar de su pimentado sabor y sus colores brillantes.

 

Las hojas de la Capuchina tienen una peculiar forma redondeada en escudo.

 
 



Los vivos colores de la Tropaeolum majus, de tonos cálidos que van desde el naranja ocaso hasta el amarillo, contrastan con el verde apagado de sus hojas.

 

 

Aquí podemos ver el fruto de la Capuchina, un esquizocarpo que se desarrolla a partir de un gineceo con tres ovarios separados.

 
 
 
Los larguísimos pecíolos de esta planta le sirven como zarcillos para sustentarse sobre objetos y crecer como una planta trepadora.
 
 
 

 

 
 
 
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