La peculiar forma de sus flores hacen del antirrino una de las plantas más conocidas y usadas en nuestros jardines. Se trata de una especie originaria de la cuenca mediterránea, cuyos tallos gruesos y hojas lanceoladas le dan un aspecto carnoso y duro propio de las especies colonizadoras de las islas mediterráneas.
Aunque en realidad el antirrino tiene carácter perenne, es cultivada por nosotros como anual, en algunos casos como bianual, cuando el clima de nuestra zona lo permite.
Lo más impresionante de esta planta son sus inflorescencias, racimos apretados y relativamente grandes en comparación con el tamaño de la planta, cuyas flores de variados colores se asemejan al hocico de un animal. Debido a esta característica, el Antirrhinum majus adquiere multitud de nombres tales como: boca de dragón, conejitos, boca de león,... Estas flores son de aspecto bilabiado (poseen pétalos en forma de labio, donde se posan los insectos a extraer su néctar), y su floración prolongada varía, en función del clima, entre primavera temprana y el principio del otoño.
Además de las anteriores, otra curiosa peculiaridad de esta planta es que sus flores son comestibles, utilizadas como decoración de exquisitos platos de nuestra gastronomía.
En cuanto a sus usos en el jardín, podemos plantar el antirrino en rocallas, parterres de poca altura de planta o macizos florales que necesiten colorido de flor. Esta especie, sembrada en maceta, produce muy buenas flores para ser cortadas y decorar nuestras casas sobre recipientes de vidrio o arcilla sin esmaltar.
Cuidados
El Antirrhinum majus es una planta muy resistente y de facil cultivo. Recomendamos su siembra en interior a principios de primavera. A los 10 o 15 días empezarán a brotar las pequeñas plantas, que deberemos transplantar una vez que pasen las últimas heladas.
Aunque el Antirrino pueda usarse como planta bianual, es más recomendable cambiar las plantas cada año para tener mejor floración.