Las hojas puntiagudas del Aloe Vera salen de una roseta basal.
Frondosas Aloes creciendo vigorosas en un parterre al exterior.
El Aloe vera ya era utilizado por los romanos como una de las plantas medicinales más comunes. Incluso cuentan que el Macedonio Alejandro Magno conquistó la Isla de Socotora debido al gran número de Aloes que allí crecían. La reina Cleopatra utilizaba a diario la esencia de Aloe como cosmético de belleza.
Se trata de una planta perenne de hojas carnosas y puntiagudas que nacen de una roseta basal. Su color es verde intenso, más claro hacia el interior de la hoja y casi blanco en su inserción en la roseta. Tienen forma lanceolada, envainada en un corto tallo, y su margen está lleno de dientes espinosos, proporcionándola un aspecto algo agresivo. A los dos o tres años, florece una espiga de flores amarillentas y acampanadas al final de un largo tallo floral.
Entre todos los tipos de aloáceas existentes, el Aloe barbadensis es el más difundido por sus cualidades medicinales: El gel del interior de sus hojas es un potente cicatrizante, y se suele preparar en pomada, como jugo en crudo para beber o en tinturas para mezclar con cremas. Cuando cortamos sus hojas, segrega además un líquido de fuerte olor a azufre y color amarillento llamado aloína. La aloina es usada como vomitivo y laxante desde la antigüedad.
Cuidados:
Otros tipos de Aloe, como el Aloe arborescens, son mucho más vistosos y resistentes aunque no contienen propiedades medicinales.
Riegos: El aloe no necesita muchos riegos. Un exceso de agua en el suelo causará podredumbre de raíces y matará finalmente a la planta. Es conveniente dejar secar el suelo entre riegos.
Abonado: Resulta eficaz abonar la tierra con humus de lombriz en primavera y durante los transplantes. De vez en cuando, abonaremos con Abono líquido Cactus junto al agua de riego.
Suelo: le gustan los suelos muy porosos y poco nutritivos. Un sustrato vegetal mezclado con tierra de jardín y perlita antiapelmazante suele ser un sustrato muy acertado. Necesita mucho drenaje para que sus raíces no sufran de asfixia durante los inviernos.
Exposición: la mejor exposición es la más luminosa en el interior y a pleno sol en el exterior. Saque a su planta desde mayo hasta finales del verano al jardín, se lo agradecerá.
Usos: se utilizan las hojas cortadas y aplicadas directamente sobre las quemaduras o cicatrices para acelerar la regeneración de los tejidos. También se emplea como tónico, mezclado con zumos naturales de frutas. En este caso se pela la hoja y se sumerge su gel en agua para quitar la aloína, que resulta laxante.